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martes, 5 de abril de 2016

DOSSIER M.E.O.: ESCEPTICOS Y PSEUDOESCEPTICOS, EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA SECTA

Tomado de: http://ojo-critico.blogspot.com.es/2011/11/dossier-meo-escepticos-y.html?spref=tw




Publicado en El Ojo Crítico nº 69

“Sólo los fanáticos odian a las personas tanto como a las doctrinas”.  Mario Brunge


Tras años de esfuerzo, el Movimiento Escéptico Organizado (MEO) ha conseguido convencer a canales de radio y TV, e incluso a las universidades más crédulas, para que financien sus actividades de investigación. Se presentan como un grupo de científicos escépticos, que estudia las llamadas pseudociencias, para refutar sus postulados, cobrando justos honorarios por sus investigaciones sobre lo paranormal. Sus campañas de boicot y denuncia, han intentado (y con frecuencia logrado) vetar en canales de TV, Universidades y centros académicos, toda actividad que tenga relación con las anomalías, salvo las organizadas por ellos mismos. Y la inmensa mayoría de divulgadores e investigadores de dichas anomalías, prefieren evitar toda confrontación o enfrentamiento con ellos, para no ser estigmatizados. Algunos incluso les dan voz en sus medios, para evitar ser objeto de una de sus campañas… Pero ¿Qué son los pseudoescépticos?


Escepticismo: 1. m.Desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo. 2. m. Doctrina de ciertos filósofos antiguos y modernos, que consiste en afirmar que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre es incapaz de conocerla.                                                                       Real Académia Española:http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=esc%C3%A9pticismo

En su obra “Historia de las religiones” Dr. Manuel Guerra Gómez (Doctor en Filología Clásica y en Teología Patrística, miembro de la Real Academia de Doctores de España, sacerdote católico, excatedrático especializado en la historia de las religiones, sectas y Nuevos Movimientos Religiosos, y autor de más de 15 obras sobre el tema), define al Movimiento Escéptico Organizado (MEO) como: “Nuevos escépticos. Los que se presentan a sí mismos como “Nuevos escépticos”, también ”Movimiento escéptico”, más que científicos, son divulgadores de lo científico. En su vertiente metafísica es la actitud del que piensa que las ciencias experimentales serán capaces de explicar todos los misterios del universo, declarando innecesario y consecuentemente inexistente a lo divino y religioso. En la metodológica, consideran el método positivo, experimental, como el único válido en cualquier esfera del saber. Admiten solamente lo que la ciencia muestra y demuestra. Supuesta la inexistencia de Dios, del alma espiritual e inmortal, etc., se ven obligados a reconocer la existencia de creyentes y de religiones. Pero se empeñan en poner fuera de circulación a las religiones, especialmente la católica. Afirman la incompatibilidad entre ciencia-religión y que las creencias religiosas son absurdas y dañinas para los individuos y sociedades. Auguran que, en fecha cercana, habrá personas creyentes, pero solo como efecto residual, y que, si subsiste alguna religión, será como en arresto domiciliario, es decir, solo en el foro de la conciencia y dentro de los templos (laicismo de origen masónico). Bergson crítica la mentalidad cientificista coetánea y posterior: “Solo hemos pedido a la ciencia que siga siendo científica, que no se disfrace de metafísica inconsciente, presentándose entonces a los ignorantes y semidoctos bajo la máscara de la ciencia. Durante medio siglo este cientificismo ha obstaculizado el camino de la metafísica“. El sentido común sabe que si dos automóviles siguen la misma línea pero en dirección opuesta terminarán por chocar si no frenan a tiempo. En cambio si tres aviones vuelan en vertical más en distinto nivel jamás chocarán a no ser que uno de ellos suba o baje de plano. Así ocurre con la ciencia, la filosofía y la teología o religión. El científico debe actuar como científico, no como ideólogo ni como profeta enmascarado de científico o idólatra de la ciencia. El Movimiento Escéptico es una red positivista, cientificista e internacional conectada por Internet. Nacida en EE.UU. en la década de los 80 se ha difundido ya por toda la Tierra; también en España e Iberoamérica (Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Méjico, Perú, Puerto Rico, Venezuela). Además hay un buen surtido de publicaciones, bitácoras (blogs) y páginas webs”.

Por su parte, la wikipedia, en su versión en castellano (en inglés la información es mucho más amplia), dedica la siguiente entrada al movimiento de los pseudoescépticos: “El términopseudo escepticismo fue popularizado en 1987 por Marcello Truzzi, profesor de sociología en la Eastern Michigan University y ex-miembro del Comité para la Investigación Escéptica, para referirse a aquellos defensores del escepticismo científico que en su opinión determinaban la validez de una idea antes de realizar investigaciones al respecto, o proferían refutaciones sin sustentar la carga de la prueba. El término es usado también cuando se analizan aplicaciones de etiquetas como pseudociencia, se discute el uso de la etiqueta por grupos no científicos que en sus críticas reemplazan el lenguaje académico por descalificaciones e incluso agresiones verbales, dando señales de conductas obsesivas principalmente enfocadas en el tema paranormal o fuera de la ciencia docta. Es sometido a escaño también la formación de algunos círculos "pseudoescépticos" que tienen como política el desprestigio y difamación por sobre la investigación científica seria, también se les discute el nulo escepticismo hacia la ciencia oficial, actitud que según muchos académicos no beneficia ni a la ciencia, ni tampoco es la correcta aplicación del pensamiento crítico.

“Historia: "Pseudoescepticismo" se compone del elemento compositivo pseudo- (falso) y el nombre escepticismo.  El término se ha usado con su sentido normal de "falso escéptico" desde hace siglos. Pero la popularidad de su uso como definición peyorativa para un supuesto exceso de celo en la defensa del escepticismo científico se popularizó en 1987 con la publicación de un artículo de Marcelo Truzzi en la revista Zetetic Scholar, fundada por él mismo; en dicho artículo daba respuesta a grupos escépticos que aplicaban la etiqueta "seudocientífico" a disciplinas que Truzzi pensaba que mejor deberían ser descritas como protociencias.

Truzzi afirmó acerca de los llamados "pseudoescépticos" que tienen más tendencia a negar que a dudar, a desprestigiar más que a investigar; usan una doble vara de medir en sus análisis críticos, emiten juicios sin una completa investigación; usan ataques ad hominem al referirse peyorativamente a los que proponen determinadas disciplinas; no presentan suficientes pruebas en sus refutaciones y, al censurar, asumen que en ningún caso les corresponde el peso de la prueba; contra-argumentan basándose en lo que parece más razonable o plausible en vez de en la evidencia empírica; e insinúan que el que una evidencia sea poco convincente es suficiente para descartarla por completo. En 1994 la entonces psicóloga y filósofa Dra. Susan Blackmore definía la postura pseudoescéptica como la de aquellos que no aceptaban ningún tipo de investigación que se saliera de sus propios sistemas de creencias científicas, condenando a priori cualquier desviación. (Blackmore mudó eventualmente hacia una postura más escéptica, abandonando sus investigaciones sobre parapsicología en 2001.)


“Controversia:  A veces algunos grupos se acusan unos a otros de ser pseudoescépticos. Acerca de las etiquetas "dogmático" y "patológico" con que la "Asociación para la investigación escéptica" define a los críticos de las investigaciones paranormales, Robert Todd Carroll, autor del Skeptic´s Dictionary, afirma que dicha asociación [...] es un grupo de pseudoescépticos investigadores y defensores de lo paranormal que no aprecian la crítica de los estudios paranormales por verdaderos escépticos y pensadores críticos. El único escepticismo que este grupo promueve es el escepticismo hacia los críticos y su crítica a los estudios paranormales. La "Society for Scientific Exploration" (SSE) (Sociedad para la Exploración Científica) ha sido criticada por el divulgador científico Michael Lemonick por ser "extrema" pero también por mostrar "una sorprendente actitud escéptica". Un miembro de la SSE, L. David Leiter, cree que el escepticismo organizado podría ser llamado "pseudoescepticismo patológico". De acuerdo con Leiter, la etiqueta "escéptico" "se aplica a alguien cuyos procesos mentales apuntan continua e inflexiblemente en la dirección de la duda". Argumenta que hay miembros de ciertas organizaciones escépticas, que [...] en vez de llegar a tener un pensamiento científico, se convierten en seguidores del cientificismo, el sistema de creencia en el cual la ciencia y solo la ciencia tiene todas las respuestas para todo. Y que muchos pseudoescépticos no están por la labor de invertir tiempo en [...] leer de manera significativa en la literatura de las disciplinas sobre las cuales son más escépticos. 

“Aproximación académica: El Laboratorio para Avances en la Conciencia y la Salud de la Universidad de Arizona, liderado por el catedrático Gary Schwartz, afirma proporcionar "un foro serio en el que llevar a cabo una investigación sistemática acerca del escepticismo patológico, las correlaciones ilusorias, y el autoengaño en la ciencia, la sociedad, y las relaciones humanas". La investigación en el laboratorio sobre "el rol del propósito consciente en la medicina energética y la curación, y la posibilidad de la supervivencia de la consciencia después de la muerte física" ha sido criticado en el Skeptical Inquirer porque no tuvo en cuenta explicaciones que no fuesen paranormales en las observaciones registradas.  El etnólogo David J. Hufford de la Universidad del Estado de Pennsylvania utiliza el término "escepticismo radical" para referirse a los prejuicios y discriminaciones que según él adoptan muchos de los científicos académicos.” 


CIENCIA, PSEUDOCIENCIA Y DOBLE RASERO PSEUDOESCÉPTICO

Imaginemos que un grupo de estudiantes de una universidad española decide, dentro del marco reglamentario establecido, solicitar una beca para realizar una investigación. El tema a investigar pertenece a una disciplina reconocida por el Ministerio de Educación y por la Unesco. Cuenta dicho campo de actuación con referencias, artículos y estudios en las revistas científicas más cualificadas, donde sus postulados e hipótesis vienen siendo sometidos a crítica desde hace décadas por expertos de diferentes instituciones académicas internacionales.

Imaginemos ahora que un periodista, totalmente ajeno a ese entorno académico y universitario, se dedica a llamar por teléfono o escribir cartas al rectorado de esa universidad, al departamento de la facultad e, incluso, a otras instancias gubernamentales, competentes en el asunto, para conseguir que dicha beca de investigación no se conceda. Además, el periodista en cuestión promueve una campaña popular con idénticas intenciones. ¿Qué pensaríamos al respecto? Sin duda, que dicho sujeto intenta, con medios inadecuados, forzar el curso natural de la Ciencia.

Pues bien, estas situaciones ocurren dentro de nuestro propio país. En 1997 un grupo de alumnos, inscritos en el registro de asociaciones de la Universidad de Granada, solicitó a dicha entidad una subvención, a la que tenían perfecto derecho, para poner en marcha un proyecto tituladoTCI. En palabras del, ahora, doctor en Psicología Oscar Iborra la idea del proyecto era precisamente fomentar el espíritu crítico, abordando temas que popularmente se adscriben a la parapsicología, como las psicofonías, y revisar todo el ‘circo’ que hay en torno a ellas”. Sin embargo,  continúa Iborra “el proyecto TCI era el inicio de un proyecto mayor que no llego a más, gracias al trabajo de Luis Alfonso  Gámez, quien mandó un email a todos los profesores de Psicología, y después a la Junta de Andalucía, insultando nuestro trabajo si saber de qué iba la cosa.  Por su parte, Javier Armentia calificó peyorativamente el proyecto TCI como la investigación depsicofonías en un cementerio.

Intentemos poner en su justa medida los elementos involucrados en este asunto. En primer lugar, conviene valorar la materia que iba a ser objeto de estudio. La parapsicología puede tener mejor o peor prensa, pero lo cierto es que aparece oficialmente reconocida por la Unesco como una disciplina susceptible de investigación en su epígrafe 6110, integrada en el campo más amplio de la Psicología:

61. Psicología:
6110. Parapsicología:
-          6110.01 Percepción extrasensorial
-          6110.02 Hipnosis
-          6110.99 Otras (especificar)

Este estatus otorgado por la Unesco no significa que las presuntas capacidades, fuerzas o energías paranormales existan. Tan solo fija una demarcación ordenada para poder realizar estudios a ese respecto. Es más, si nos fijamos en la lista, la hipnosis ya es una realidad científica incuestionable cuyo análisis y uso no genera ninguna lista negra en contra. Mientras que la percepción extrasensorial aún tiene mucho que demostrar, científicamente hablando, para ser considerada una realidad.

España acepta, desde 1983, esta nomenclatura de campos y disciplinas de conocimiento postulada por la Unesco. De hecho, ha venido siendo la clasificación oficial empleada por los diferentes Ministerios de Educación, Ciencia e Investigación a la hora de ordenar las actividades científicas y tecnológicas en las Universidades y los centros del CSIC. En la práctica, este marco normativo nacional implica que el ministerio podría, perfectamente, financiar los proyectos de investigación, tesis doctorales, instrumentos de laboratorio y grupos de trabajo que solicitaran realizar investigaciones en parapsicología. Dichas solicitudes serían evaluadas en régimen de concurrencia competitiva con el resto de proyectos presentados para otros campos y disciplinas de conocimiento. Si apenas existe investigación parapsicológica en España, no es porque el marco legal lo impida, sino porque simplemente muy pocos se proponen hacerla o apoyarla. Por supuesto, cada investigador académico español es muy libre de fijar sus prioridades y objetos de interés en aquello que considere más oportuno. Pero lo que conviene subrayar aquí, es que no se debe considerar nada descabellado que alguien proponga a la administración o en una convocatoria de financiación científica, el realizar un proyecto de estudio parapsicológico. Sería algo, absolutamente, lícito y natural.

Por añadidura, también es absolutamente lícito y natural que las instalaciones universitarias y demás centros afines pueden acoger y celebrar, sin problemas, eventos académicos –cursos, congresos, conferencias, etc.- que traten de parapsicología. De nuevo, queda a criterio de cada institución u organismo científico y educativo que tales actos se lleven a cabo o no. Pero, lo que debe estar bien claro es que con su realización no se contraviene ninguna norma. Al contrario, son disciplinas cuyo estudio ampara y estimula la Unesco y el Ministerio. De hecho, la Universidad Autónoma de Madrid contó en 1976 con un primer profesor de Parapsicología en la persona de Ramos Perera. Fruto de su labor docente fue la convocatoria de un curso en el que participaron personalidades de la talla del Dr. Rodríguez Delgado, médico de la Universidad de Yale, Mariano Vela, psicólogo catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Pinillos, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense o Carlos Asensio, entonces, subdirector general de Investigación Universitaria del Ministerio de Educación y Ciencia (http://www.elpais.com/articulo/ultima/parapsicologia/quiere/ser/ciencia/elpepiult/19760630elpepiult_1/Tes).
Más recientemente, el propio Oscar Iborra realizó un curso de verano el año 2007 sobre esta materia en la Universidad de Salamanca dotado con dos créditos de libre configuración. El espíritu con el que planteó Iborra este curso en sus propias palabras era el siguiente: "No se afirmará en ningún momento que existan fenómenos paranormales; los datos indican que existe algo, un proceso, pero no sabemos si ese proceso es paranormal. Eso es precisamente el objeto de estudio de la parapsicología: averiguar si un fenómeno es paranormal o no". Como en el caso del proyecto TCI, no resulta un planteamiento demasiado temerario. Más bien, todo lo contrario.

La parapsicología empírica y académica cuenta con sus correspondientes organizaciones científicas. Por ejemplo, la Parapsychological Association es una asociación mundial afiliada a la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS). Conviene recordar que la AAAS es una organización que promueve la cooperación entre los científicos, defiende la libertad científica, fomenta la responsabilidad y la educación científica para beneficiar a toda la humanidad. En la actualidad es la sociedad científica más grande de nuestro planeta y publica la afamada revista Science.

También, la parapsicología está supeditada a los mismos mecanismos e instrumentos de divulgación de sus estudios que tiene cualquier otra disciplina del conocimiento. Revistas como Journal of Parapsychology o European Journal of Parapsychology cuentan con los oportunos revisores previos a la publicación de artículos en su interior. Por supuesto, podemos ver trabajos de parapsicología en otras revistas científicas de carácter general como Psychological Bulletin, Science, Nature, Journal of Consciousness Studies, Foundations of Physics, Statistical Science, Journal of Scientific Exploration, Biological Psychiatry, American Psychologist, Journal of Psychology, etc.  En revistas comoScience o Nature pueden recopilarse, en cada una de ellas, más de un centenar de referencias a asuntos relacionados con los fenómenos denominados parapsicológicos bien para desmentirlos y explicarlos convenientemente, bien para considerar alguna correlación significativa e inesperada dentro de los mismos. Uno de los estudios más recientes en este último sentido lo tenemos en la nada sospechosa publicaciónJournal of Personality and Social Psychology, la cual en su número 100 del presente año publicó un investigación del profesor Daryl J. Bern titulada “Feeling the Future: Experimental Evidence for Anomalous Retroactive Influences on Cognition and Affect”. Este trabajo encuentra ciertas correlaciones estadísticamente significativas en pruebas de precognición realizadas a sujetos humanos. Nadie plantea que sus resultados sean ya definitivos ni sienten cátedra. Hay que esperar las oportunas réplicas y refutaciones en su caso. Sólo lo traemos aquí para demostrar que las investigaciones de Daryl Bern han superado los requisitos metodológicos, así como los protocolos de revisión y publicación de una de las más importantes revistas especializadas en la materia. Todo hecho desde la Universidad con la misma naturalidad y exigencia que corresponde aplicar a otros campos del saber humano.
Ahora bien, si esta es la parapsicología absolutamente empírica y deseable, cultivada por hombres de Ciencia, sometidos a las reglas y planteamientos de la propia Ciencia en todas sus facetas, ¿quién es Luis Alfonso Gámez para promover campañas de descrédito contra aquellos que quieren hacer bien las cosas? 
En primer lugar, a juzgar por los hechos, Luis Alfonso Gámez, al protagonizar el caso que comentamos de 1197, actuó como un periodista desinformado. Reaccionó con precipitación y arbitrariedad ciega sin saber con exactitud en qué consistía el proyecto capitaneado por Oscar Iborra.

En segundo lugar, el currículo profesional y académico de Luis Alfonso Gámez frente al de Oscar Iborra no resiste parangón. Oscar Iborra ha conseguido ser doctor en Psicología, luego ha tenido que poner a prueba sus conocimientos científicos ante un tribunal académico. Luis Alfonso Gámez pone sus divulgaciones científicas “a prueba” en un blog, un programa de televisión y la columna de un diario autonómico. Por otro lado, Oscar Iborra ha acreditado oficialmente su condición de investigador y de generador de nuevos conocimientos a través de sus propios estudios materializados en una tesis doctoral. Mientras que a Luis Alfonso Gámez ningún organismo oficial ni académico le ha acreditado como divulgador científico. Es más, para desarrollar su labor profesional y vivir de ella, este periodista necesita tomar prestados los conocimientos y estudios de otros investigadores científicos, verdaderamente, cualificados. No se está diciendo aquí que ganarse el pan como divulgador sea fácil. En todo caso, se está diciendo que es mucho más fácil ganarse la vida aprovechándose del esfuerzo ajeno que siendo uno mismo investigador científico. El riesgo y responsabilidad que asume un científico así como la formación y requisitos académicos que se le exigen, no son comparables a los requeridos por un divulgador cuyo único “laboratorio” es la mera palabra vertida en los medios de comunicación.

En tercer lugar, Gámez forma parte de un colectivo denominado Círculo Escéptico, que, como  otras asociaciones similares españolas tales como ARP o internacionales como CSICOP no están afiliadas a ninguna sociedad científica internacional. Ni siquiera al CSIC. Por tanto, la “Ciencia” que dichas organizaciones escépticas puedan realizar o divulgar no cuenta con una acreditación oficial ni académica de ningún tipo. ¿Significa eso que no son organizaciones científicas? Al menos, su “Ciencia” no juega con las mismas reglas, obligaciones, compromisos y transparencia que la aplicable a las verdaderas instituciones científicas. Una asociación de astrónomos aficionados o de amigos de un museo de las Ciencias tendría idéntica naturaleza y características “científicas” a las destiladas por ARP o Círculo Escéptico. Por tal motivo, dentro de estas últimas habrá miembros con currículos más sobresalientes junto a otros académicamente indocumentados. No hay unos mínimos establecidos ni existe garantía de que constituyan un referente científico correcto. Se trata de grupos autogestionados que comparten ciertas aficiones e intereses, por los cuales no rinden cuentas a la comunidad académica porque, directamente, no forman parte de ella.

Buena prueba de lo dicho en el párrafo anterior es que tampoco ninguna de las revistas editadas por Círculo Escéptico o ARP están sometidas a los protocolos de revisión por pares. Así que publicaciones como “El Escéptico” o “El Escéptico digital” pueden tener un carácter valioso desde el punto de vista de la divulgación o de la mera opinión gratuita, pero ignoran voluntariamente las exigencias y servidumbres que conllevaría alojar en su interior verdaderos trabajos científicos.

Vistas así las cosas y con actitudes como la que hemos señalado al comienzo de este artículo, no cabe duda de que, en muchas ocasiones, el escepticismo mal entendido persigue impedir que la Ciencia siga su curso natural; que dé y quite razones en función de los datos aportados. La Ciencia tiene sus propios plazos, mecanismos y maquinaria para acreditar y desacreditar resultados. Lo viene haciendo con la Parapsicología desde hace décadas. No necesita que desde fuera del método científico se establezca la verdad y la mentira de las cosas. No necesita que se presione a las instituciones y las personas que las encarnan. Ejercer una coerción popular no es muy científico, razonable ni crítico que se diga. Esperar conclusiones; someternos al juego de réplicas y contrarréplicas fundadas; al debate sereno, pero firme, que ponga en juego nuestros propios prejuicios, sí que es científico, aunque este procedimiento nos pueda resultar incómodo muchas veces.
 
Mario Bunge y las pseudociencias
La parapsicología junto a otras disciplinas afines no demanda de la Ciencia y de sus instituciones nada que no merezca. Su fundamento real o irreal lo irá determinando el tiempo y la crítica experimental de los científicos. Así lo llevan haciendo muchos años a través de las mejores publicaciones especializadas. Sin embargo, algunos emplean ciertas vías para acelerar su disolución como disciplina científica. A mi juicio, la más importante de dichas vías es calificarla de “pseudociencia”. Pero ¿qué es una pseudociencia? y lo más importante, ¿qué alcance tiene?

Mario Bunge es uno de los principales teóricos de esta cuestión. Atesora un curriculum académico envidiable compuesto por un doctorado fisicomatemático en la Universidad de La Plata, un puesto como profesor en la  Universidad McGill de Montreal, un galardón Premio Príncipe de Asturias de Humanidades y más 35 libros y 450 artículos sobre física teórica, matemáticas aplicadas, teoría de sistemas, sociología matemática, epistemología, semántica, ontología, axiología, ética, política científica, etc. Además, de dicha valía prestigiosa, traerlo hasta estas páginas obedece a que Mario Bunge es miembro de Honor de ARP y uno de los promotores ideológicos de su Manifiesto Fundacional. Para este profesor, la pseudociencia tiene unas características muy claras. En sus propias palabras:

-Invoca entes inmateriales o sobrenaturales inaccesibles al examen empírico, tales como fuerza vital, alma, superego, creación divina, destino, memoria colectiva y necesidad histórica.
-Es crédula: no somete sus especulaciones a prueba alguna.
-Es dogmática: no cambia sus principios cuando fallan ni como resultado de nuevos hallazgos. No busca novedades, sino que queda atada a un cuerpo de creencias. Cuando cambia lo hace solo en detalles y como resultado de disensiones dentro de la grey.
-Rechaza la crítica, matayuyos normal en la actividad científica, alegando que está motivada por dogmatismo o por resistencia psicológica. Recurre pues al argumento ad hominem en lugar del argumento honesto.
-No encuentra ni utiliza leyes generales. Los científicos, en cambio, buscan o usan leyes generales.
-Sus principios son incompatibles con algunos de los principios más seguros de la ciencia. Por ejemplo, la telequinesis contradice el principio de conservación de la energía. Y el concepto de memoria colectiva contradice la perogrullada de que solo un cerebro individual pueden recordar.
-No interactúa con ninguna ciencia propiamente dicha. En particular, ni psicoanalistas ni parapsicólogos tienen tratos con la psicología experimental o con la neurociencia. A primera vista, la astrología es la excepción, ya que emplea datos astronómicos para confeccionar horóscopos. Pero toma sin dar nada a cambio. Las ciencias propiamente dichas forman un sistema de componentes interdependientes.
-Es fácil: no requiere un largo aprendizaje. El motivo es que no se funda sobre un cuerpo de conocimientos auténticos. Por ejemplo, quien pretenda investigar los mecanismos neurales del olvido o del placer tendrá que empezar por estudiar neurobiología y psicología, dedicando varios años a trabajos de laboratorio. En cambio, cualquiera puede recitar el dogma de que el olvido es efecto de la represión, o de que la búsqueda del placer obedece al «principio del placer». Buscar conocimiento nuevo no es lo mismo que repetir o siquiera inventar fórmulas huecas.
-Sólo le interesa lo que pueda tener uso práctico: no busca la verdad desinteresada. Ni admite ignorar algo: tiene explicaciones para todo. Pero sus procedimientos y recetas son ineficaces por no fundarse sobre conocimientos auténticos. Al igual que la magia, tiene aspiraciones técnicas infundadas.
- Se mantiene al margen de la comunidad científica. Es decir, sus cultores no publican en revistas científicas ni participan de seminarios ni de congresos abiertos a la comunidad científica. Los científicos, en cambio, someten sus ideas a la crítica de sus pares: someten sus artículos a publicaciones científicas y presentan sus resultados en seminarios, conferencias y congresos.

No cabe duda de que las características y apreciaciones realizadas por Mario Bunge son muy valiosas. Nos ponen en guardia ante determinadas maneras de hacer Ciencia que se sustentan más en entelequias vaporosas que en la ardua, pero necesaria, frialdad empírica. Ahora bien, un planteamiento de este tipo convierte en “pseudociencia” más disciplinas “científicas” y campos del saber de los que a primera vista pudiéramos considerar. El propio Mario Bunge señala: Una seudociencia es un montón de macanas (mentiras, embustes) que se vende como ciencia. Ejemplos: alquimia, astrología, caracterología, comunismo científico, creacionismo científico, grafología, ovnilogía, parapsicología y psicoanálisis. Al preguntarle en una entrevista acerca de cual era la pseudociencia más peligrosa Mario Bunge afirmó: La teoría económica estándar, porque sustenta las políticas económicas de los gobiernos conservadores y reaccionarios, que son enemigos del bienestar de la gente común.

Obligado a tener que calificar como pseudociencia todo aquello que se ajuste a los criterios formulados en su definición, Mario Bunge termina incluyendo en la lista a teorías de vanguardia como la supercuerdas o determinados postulados de la física subatómica. En otro orden de cosas, también este profesor considera que el determinismo genético de Dawkins, Pinker y Chomsky es más popular que nunca; un número creciente de físicos defiende que los ladrillos últimos del universo son los bits o unidades de información; muchos cosmólogos eminentes sostienen que el universo salió de la nada; la multimillonaria Templeton Foundation, cuya misión es unir la religión con la ciencia, acaba de concluir un acuerdo con la American Association for the Advancement of Science por el cual van a patrocinar juntos reuniones y seminarios sobre religión, ética y ciencia; hace dos décadas las universidades norteamericanas ofrecían unos pocos cursos sobre ciencia y religión, pero hoy son más de 1.000; la Food and Drug Administration, que está a cargo de la salud pública, tolera que miles de estafadores prometan por Internet curar enfermedades que la medicina aún no puede curar...


El doble rasero: pseudociencia entre los pseudoescépticos
Por lo tanto, la pseudociencia estaría mucho más extendida de lo que parece. Incluso habría penetrado en el propio Movimiento Escéptico Internacional. En una cena reciente de Mario Bunge ante los miembros más destacados de ARP, entre los cuales estaba Félix Ares de Blas como anfitrión, el profesor argentino les dirigió las siguientes palabras: Quiero proponerles una tarea que les va a arruinar la digestión. Esta tarea consiste en analizar críticamente la obra de los tres caballeros cruzados de la cruzada atea anglosajona: Gerald Dawkins, Steven Pinker y Daniel Dennet, muy promocionados por el Movimiento Escéptico norteamericano. Ellos son, según el propio Movimiento Escéptico norteamericano, eminentes científicos que están luchando contra la pseudociencia. La tesis que yo propongo es que esa es la Quinta Columna del movimiento escéptico. Que los tres son pseudocientíficos. Luego, animó a los comensales a que revisaran críticamente los postulados defendidos por dichos líderes del escepticismo estadounidense y fundamentó en extenso los motivos que le habían llevado a realizar tal llamamiento autocrítico.

(Video "clandestino" de Brunge criticando a algunos miembros del Movimiento Escéptico Organizado, grabado con teléfono móvil)


Mas críticas de Bunge a algunos pseudoescépticos en: http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/9642460/Mario-Bunge_-Dawkins-no-es-un-cientifico.html
Por lo tanto, bajo la consideración fundada de uno de los principales teóricos de la pseudociencia como es Mario Bunge, inspirador ideológico de ARP; bajo los propios criterios que esgrimen los autodenominados escépticos para identificar las falsas ciencias, resulta que la organización tiene al enemigo en casa justo en la cúpula misma del movimiento. ¿Reacciones al respecto? Al menos públicas ninguna. Es más aún, adalides de Círculo Escéptico como Mauricio Schwarz confiesan en su página web, sin ningún pudor, su admiración por Richard Dawkins:http://www.mauriciojose.com. De hecho, Dawkins recibió en 2009 un título de Doctor “honoris causa” por la Universidad de Valencia y nadie presionó al rectorado para que le retiraran tal galardón. Nadie creó listas negras ni se sintió indignado ante la mala imagen que pudiera ofrecer la universidad valenciana. Tampoco, Círculo Escéptico o ARP se han movilizado contra los cursos, seminarios, conferencias, etc. celebrados en el marco universitario y dedicados a las teorías de las supercuerdas; la teoría económica estándar; el determinismo genético de Dawkins, la psicología evolutiva de Pinker o las teorías cognitivas de Dennet.

Simplemente, se entiende que la Ciencia, en todos esos casos, sigue su curso natural. Dará y quitará razones a través de los resultados obtenidos. Trasladar el debate desde los experimentos a la ideología, puede distorsionar la propia discusión y pervertir el sentido profundo de hacer Ciencia. Aún así resulta una postura comprensible desde el punto de vista de la Filosofía y la Teoría de la Ciencia. Lo que no resulta tan fácilmente justificable, es el doble rasero que se aplica para según qué pseudociencias, lo que viniendo de unas organizaciones, supuestamente escépticas, que deberían predicar con el ejemplo y ser inmaculadas en sus análisis de la realidad no deja de parecer chocante. Sobre todo, pone en evidencia el trasfondo real que anima a sus dirigentes. ¿Desean los miembros de Círculo Escéptico y ARP perseguir la pseudociencia en todas sus manifestaciones o sólo determinadas pseudociencias? ¿Qué les hace movilizarse para eliminar unas, mientras ellos mismos cobijan y fomentan otras? También en esto hay campo de investigación, aunque no sé si “paranormal”. Desde luego, algo extremadamente raro sí que parece.

Yo, en verdad, no tengo absolutamente nada claro que existan los fantasmas, la telepatía, la psicocinesis, los viajes astrales o los extraterrestres pilotando naves voladoras. Más bien mis creencias me llevan por sendas marcadamente terrenales y materialistas. Ahora bien, lo que sí tengo muy claro es que hay margen suficiente para estudiar académicamente todo el trasfondo –real o imaginario- que sustenta esos testimonios, experiencias y fenómenos. Un margen que puede revelarnos fraudes, explicaciones más convencionales o presentar derroteros nuevos para la Ciencia que, sin ser extraordinarios, aporten algunos componentes valiosos para el Saber humano. El esfuerzo puede valer la pena y, en verdad, arroja frutos aunque no sean los esperados a priori. Un buen ejemplo lo tenemos, desde hace una década, en los logros obtenidos por la llamada Psicología de las Experiencias Anómalas en el Departamento de Psicología de la Universidad de Londres.

Por el contrario, quien se dedica a abanderar la Ciencia torciendo voluntades, en lugar de hacer que las investigaciones sigan su cauce –sea este el que sea-, confía muy poco o nada en esa misma Ciencia que tanto parece vociferar. Es más, quien actúa de manera tan miope, debilita la Ciencia, porque no demuestra creer en ella. No hace Ciencia, sino ideología y partidismo interesado. Se apodera de él un mal entendido paternalismo, un afán de imponer su criterio antes de que los hechos, los datos y los experimentos dictaminen por sí mismos y pongan a cada uno en su lugar. Quien le pone muletas a la Ciencia y a los científicos, lejos de ayudarles, les está haciendo tambalearse por anticipado. Les está ayudando a caer en redes y organizaciones no académicas que no forman parte de la Ciencia aunque lo aparenten. Estos colectivos juegan la partida “científica” con naipes marcados: no demuestran ser autocríticos; no llevan la persecución de las pseudociencias hasta sus últimas consecuencias; prefieren la presión popular al debate y al contraste de ideas; no someten sus publicaciones y estudios a revisiones previas para garantizar los mínimos científicos exigibles; no rinden cuentas de su labor al mundo académico por las vías ortodoxas, etc.

Conviene siempre recordar que el escepticismo no es patrimonio exclusivo de una asociación. Es un atributo inherente al método científico. Quien pretenda secuestrarlo para convertirlo en un lobby de interés, equivoca el sendero a caminar. Intenta convertir en un Tribunal compuesto por “jueces” que nadie ha nombrado salvo ellos mismos, lo que debería ser una cualidad esencial que adorne a todo investigador por el mero hecho de serlo. 
Juan José Sanchez-Oro

Publicado por Aude Sapere en 8:16 No hay comentarios:
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Etiquetas: Ensayo, Filosofía, Miscelánea, Varios

viernes, 1 de abril de 2016

ROBERT DE NIRO, AMENAZADO POR LA MAFIA FARMACÉUTICA

Tomado de: http://elrobotpescador.com/2016/03/29/robert-de-niro-amenazado-por-la-mafia-farmaceutica/


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Recientemente se ha vivido un nuevo capítulo en la guerra entre los defensores de la vacunación y la medicina oficial y los activistas que denuncian los daños provocados por los productos tóxicos contenidos en algunas vacunas.
Y el principal protagonista de este nuevo enfrentamiento, no es otro que el célebre actor Robert De Niro.
Recordemos que según denuncian muchos activistas anti-vacunación, el aluminio contenido en muchas de las vacunas aplicadas a los niños, podría estar relacionada con el elevado crecimiento en los casos de autismo que se están sufriendo en todo el mundo y más concretamente, los activistas apuntan a la vacuna triple vírica, contra el Sarampión, las Paperas y la Rubeola (MMR por sus siglas en inglés).
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La polémica se ha generado por la proyección del documental “Vaxxed: Del Encubrimiento a la Catástrofe” en el Festival de Cine de Tribeca, Nueva York, del que Robert de Niro es cofundador e impulsor.
Inicialmente, De Niro defendió la proyección de este polémico documental anti-vacunación en el Festival:
“Yo quiero que haya un debate”, afirmó De Niro, en referencia al documental dirigido por Andrew Wakefield
“Grace y yo tenemos un niño con autismo, y creemos que es fundamental que todas las cuestiones relacionadas con las causas del autismo sean discutidas y examinadas abiertamente”, dijo De Niro.
“En los 15 años transcurridos desde el inicio del Festival de Cine de Tribeca nunca he pedido que una película se proyecte o se meta en la programación.
“Sin embargo, esto es muy personal para mí y para mi familia y quiero que se genere un debate, y por eso apoyamos que se proyecte el documental. Yo no apoyo personalmente (el contenido de) la película, ni soy anti-vacunación. Yo sólo estoy dando la oportunidad de que se discuta en torno a la cuestión”
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El documental “Vaxxed” ha provocado protestas en muchos sectores, especialmente en las publicaciones de temática científica.
Muchos en la comunidad científica creen que el director de “Vaxxed”, Andrew Wakefield, es responsable de ayudar a crear el mito de que la vacuna del MMR puede causar autismo. incluso llegan a afirmar que miles de personas en el Reino Unido dejaron de recibir la vacuna triple vírica y el sarampión se extendió por ello por todo el país (no quedaría claro por qué razón algunas personas vacunadas de sarampión fueron infectadas igualmente, a pesar de que la vacuna debería haberlas protegido).
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La cuestión es que la polémica llevó a los organizadores del festival a tener que justificar su decisión de proyectar el documental, amparándose en algo tan esencial como la libertad de expresión:
“Tribeca, como la mayoría de los festivales de cine, es diálogo y discusión. Con los años hemos presentado muchas películas desde lados opuestos de un mismo problema. Somos un foro, no un juez”, afirmó el comunicado de la dirección del festival.
“Vaxxed” se debía estrenar en Tribeca el domingo 24 de abril…pero ya no se proyectará.
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El propio Robert de Niro, ante las presiones sufridas, se ha visto obligado a salir a escena y anular la proyección del film, revertiendo su decisión inicial.
“No creemos que contribuya o promueva el debate que habíamos esperado”, declaró el actor.
“Mi intención al seleccionar esta película era proporcionar una oportunidad para el debate en torno a un tema que es muy personal para mí y para mi familia. Pero después de discutirlo en los últimos días con el equipo del Festival de Cine de Tribeca y personas de la comunidad científica, no creemos que contribuya o promueva la discusión que habíamos esperado”
“El Festival no trata de evitar o alejarse de la controversia. Sin embargo, tenemos preocupaciones con ciertos aspectos de esta película que creemos que no nos permiten presentarla en la programación del Festival. Hemos decidido eliminarla de nuestro programa”
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Bien, no hace falta ser demasiado imaginativo para comprender lo que ha sucedido.
Si tal y como afirmaba De Niro inicialmente, el film podía provocar un debate enriquecedor entre los defensores de ambos puntos de vista, nadie puede comprender cómo pocos días después, y tras reunirse con“personas de la comunidad científica”, esa posibilidad de debate desaparece.
En un debate, los defensores de la vacunación, con sus conocimientos científicos, podrían haber demostrado a la audiencia que tenían la razón, imponiéndose a esas personas que tratan prácticamente como “fanáticos e ignorantes”.
Y aquí, deberíamos preguntarnos: ¿por qué un científico no quiere debatir cara a cara con un ignorante al cuál puede desmontar fácilmente con datos y argumentos?
Y sobretodo, deberíamos preguntarnos: ¿qué le han dicho o hecho a Robert De Niro para que se retracte de esta manera de su intención inicial?
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El investigador Jon Rappoport, expone cómo se ha producido la reveladora secuencia de acontecimientos que han llevado a esta decisión de De Niro…
1-De Niro, que tiene un hijo autista, decide defender públicamente la proyección de “Vaxxed” en el Festival de Tribeca. Esta película revela que hay una relación causal entre las vacunas y el autismo.
2-Se inicia una campaña de presión a Robert De Niro, por lo que el actor se reúne con el congresista de Florida Bill Posey, quien le hace saber que la película da justo en el blanco. Posey lo sabe, porque él y su equipo tienen en su poder muchos documentos de William Thompson, investigador de los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU), quien denunció públicamente el gran fraude de la vacunación y el autismo en 2014.
3-Tras reunirse con el congresista, De Niro decide que no sólo va a proyectar el film en el Festival, sino que además, lo va a presentar a la audiencia él mismo, en vivo, sobre el escenario.
4-De entre las sombras emerge gente que le “aprieta los tornillos” a De Niro. ¿Qué le dicen?¿Con qué le amenazan? ¿Quizás con que su carrera en el cine va a terminar? ¿Que acabarán con el Festival de Cine de Tribeca? ¿Que el tratamiento médico que recibe su hijo autista será cortado? ¿Quizás le han amenazado a nivel personal o a alguien de su familia?
5-De Niro decide salir y cancelar la proyección de “Vaxxed”, contradiciendo públicamente su propio argumento inicial, que estaba centrado en “generar un debate”.
Es bastante evidente, que la poderosa Mafia Médico-Farmacéutica ha puesto en marcha toda su maquinaria de represión y amenaza.
Eso lo ve cualquiera.
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Tal y como de forma muy acertada denuncia Jon Rappoport:
“Piensen sobre esto. Se puede ver una película sobre ataques aéreos estadounidenses matando a civiles inocentes. Se puede ver una película sobre la vigilancia penal sobre toda la población. Se puede ver una película sobre la CIA actuando contra gobiernos extranjeros. Se puede ver una película sobre las mega-corporaciones arrojando químicos sobre las ciudades, donde los niños nacen con defectos físicos y psíquicos y los adultos mueren de cáncer.
Sin embargo, no se puede ver una película que sugiere que una vacuna podría ser la causa del autismo.
Eso es demasiado importante y atenta contra un secreto demasiado grande para ser contado. Torpedea un monopolio que debe ser protegido, sin importar cómo ni con qué”
Lo que denuncia Rappoport es tan inquietante como cierto.
Se han producido todo tipo de documentales, que denuncian a grandes corporaciones como la todopoderosa Monsanto, o agencias relacionadas con los poderes más altos del planeta, como la CIA…sin embargo, se aplica toda la fuerza represiva contra aquellos que denuncian la posibilidad de una relación entre la vacunación y el autismo, aplastando con ello la libertad de expresión.
Y todo el mundo debería preguntarse…¿Por qué?
Otros actores norteamericanos, como los cómicos Jim Carrey y Rob Schneider, no se están callando y están dando la cara públicamente para denunciar esta oscura realidad…y viendo lo sucedido con De Niro, es obvio que deben estar recibiendo también fuertes presiones.
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Más vale que vigilen su salud y cuiden sus espaldas.
Para terminar, el artículo de Rappoport expone los antecedentes de las denuncias realizadas por el investigador William Thompson.
En 2014, William Thompson, investigador reputado de los CDC, realizó una declaración afirmando que él y varios colegas científicos habían mentido acerca de un estudio clave del que fueron autores 10 años antes.
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El estudio revelaba una conexión entre la vacuna triple vírica (sarampión, paperas, rubéola) y la proliferación de casos de autismo entre niños jóvenes negros…pero esa parte tan polémica del estudio (y tan potencialmente dañina para las farmacéuticas y el propio CDC), fue censurada y eliminada por los propios investigadores.
Sin embargo, Thompson mantuvo copias de las páginas y acabó pasándolas al congresista Bill Posey, entre otras personas.
Congresista Bill Posey
Congresista Bill Posey
Thompson declaró posteriormente, a través de su abogado, que no iba a hablar con la prensa y que solo trabajaría con el Congreso de EEUU, en el caso de que se iniciara una investigación…Sin embargo, no hay indicación alguna vez de que esa investigación llegue a realizarse, ni hay indicios de que las denuncias de Thompson sean escuchadas en las audiencias del Congreso.
Y este oscurísimo e inquietante asunto, es el tema central de la película “Vaxxed”, la película que ha sido censurada en el Festival de Cine de Tribeca.
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Finalmente, el propio Jon Rappoport, un investigador que lleva muchos años tratando de denunciar las actividades de la mafia médico farmacéutica, nos cuentas sus propias experiencias con gente de la Industria del Cine, que quizás nos ayuden a comprender mejor el nivel de presión que puede haber experimentado Robert De Niro.
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En palabras del propio Rappoport, procedentes de su artículo “Medical truth canceled due to Hollywood”…
Hace veinticinco años, vi dispararse la carrera de un actor de Hollywood, que de repente, se derrumbó por completo. Tuve una conversación con él y me reveló muchas cosas.
Este actor ya había provocado ciertas alertas al hacer algunas observaciones en las que denunciaba investigaciones médicas falsificadas; hablaba con sus amigos acerca de las cirugías innecesarias que se realizaban en un famoso hospital y estaba repasando un guión que versaba sobre la investigación de esta corrupción y que, por supuesto, nunca fue llevado al cine.
Un buen día, este actor desapareció de las pantallas, como si nunca hubiera existido. No fue solamente el hecho de que su carrera se derrumbara por completo. Es que además, la otra gente en la industria del cine tenían miedo de que les asociaran con él. Sutilmente, paso a paso, la gente a su alrededor empezó a “verle de una manera diferente”.
Afortunadamente, era una persona fuerte y fue capaz de restablecer su vida fuera de la industria del cine.
Me dijo que incluso las estrellas más importantes podían sufrir este tipo de excomunión.
“Muy pocos actores”, dijo, “tienen la fuerza para aguantarlo”
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Me encontré con un productor que no había trabajado en una película durante 20 años. Sufría de una serie de enfermedades. Me entrevisté con él para hablarle de un guión que hablaba sobre una epidemia falsa, que en realidad era impulsada por los CDC. Cuando le expuse ese argumento, se puso blanco de repente. Después de recuperarse, me miró como si yo fuera el diablo encarnado, que se había presentado en su casa para arrastrarlo al Infierno.
Me dijo que estaba loco, que nunca se hizo una película como esa, y que si alguien se asociara a un proyecto como ese, acabaría incluído en la lista negra. Yo le recordé que no tenía nada que temer, puesto que él mismo no había estado activo en el negocio durante mucho tiempo. Pero el productor me respondió que eso no importaba. Me dijo que la Industria Médica tenía sus tentáculos echados sobre la industria del cine.
“Por el amor de Dios”, me dijo, “cuando yo ejercía de productor, mi propio jefe estaba en el consejo de un gran hospital. Había dado grandes sumas de dinero a una escuela de medicina de la universidad. ¿De verdad crees que alguien como él, habría permitido que se hiciera una película que denunciara un fraude médico a gran escala? Antes que dejarme hacer eso, me había atropellado con su coche”.
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Hace algunos años, tuve una reunión con un productor en ciernes. Le mostré una idea para una película, cuyo argumento giraba alrededor de pruebas secretas en el ámbito médico: los médicos en los Estados Unidos estaban matando a cientos de miles de personas cada año con los medicamentos y los malos tratamientos en los hospitales. Ese argumento estaba basado, de hecho, en estudios científicos que lo denuncian. El productor me miró y dijo: “Sí, me dijiste por teléfono acerca de esta historia. Te he hecho venir sólo para ver qué cara de loco puedes tener”.
Lo cierto es que era un tipo agradable, y conversamos durante una hora más o menos. Me aseguró que su carrera terminaría si alguna vez se pusiera a trabajar en serio en la recaudación de dinero para realizar un guión como el que yo tenía en mente. “Tan pronto como empezara a conseguir dinero para hacer esta película, se correría la voz. La gente sabría de qué trata la película. Y entonces perderías a todos tus amigos y contactos de la Industria y ya no te devolverían las llamadas. Estarías acabado”.
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Finalmente, hablé, no hace mucho tiempo, con un hombre al que yo calificaría como “recaudador de fondos médicos”. Un tipo que operaba en y alrededor de la industria del cine.
Básicamente se dedicaba a canalizar grandes sumas de dinero procedentes de personajes famosos, que las donaban para causas médicas.
Quería ver su reacción, así que le dije que tenía un guión sobre las muertes en masa provocadas por la Industria Médica en Estados Unidos. Me miró y sonrió: “Usted se está burlando de mí, ¿verdad? Voy a apostar mi casa contra un dólar de su parte a que nunca se llegará a hacer una película como esa”. Yo le pregunté por qué razón llegaría a hacer una apuesta de ese calibre y su respuesta fue muy reveladora. Me dijo: “Nosotros y la gente del cine dormimos en la misma cama. Estamos felizmente casados ​​desde hace mucho tiempo. ¿Te crees que puedes venir aquí y a decirle a uno de nosotros que el otro ha estado engañándole y que pretendes contárselo a todo el mundo? ¿Cómo crees que vamos a reaccionar?”
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A lo largo de los años, he aprendido que el cartel médico y Hollywood están estrechamente relacionados.
Puedes ascender tanto como quieras para tratar de comprender cómo funciona esta relación entre ambas industrias, pero a nivel del suelo, donde los actores, agentes, productores y directores tratan de vivir y trabajar, todos están bajo estricto control. Y todos ellos lo saben. No van a hablar de ello públicamente, pero lo saben.
Bien, esta es la opinión de Rappoport y evidentemente, puede ser discutida.
Pero lo que denuncia Rappoport no parece tan fantasioso cuando vemos casos tan reveladores como el de Robert De Niro y el de la película Vaxxed en el Festival de Cine de Tribeca…


Fuentes: http://www.thewrap.com/robert-de-niro-defends-showing-anti-vaccination-documentary-at-tribeca/
Robert De Niro Pulls Anti-Vaccination Documentary From Tribeca Film Festival
Vaxxed: How did they threaten Robert De Niro?
Medical truth canceled due to Hollywood
De Niro Backs Down: Documentary Linking Vaccines to Autism Will No Longer Be Shown At Film Festival
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martes, 15 de marzo de 2016

La homeopatía, acosada.

Tomado de: http://www.homeopatia-on-line.com/la-homeopatia-acosada/

Posted on 03/14/2016
El patio anda revuelto. Los pseudoescépticos, esos señores que por su gran amor a la ciencia invierten tiempo y dinero en desacreditar la homeopatía, estarán de fiesta. El mal que han inoculado se extiende como una epidemia. Comenzó en la Universidad de Barcelona, después se vio afectada la Organización Médica Colegial y la última noticia que nos llega es que el Colégio Médico de Cádiz también ha contraído la enfermedad.
Las instituciones, que en los últimos años habían acogido la homeopatía, se vuelven en contra. Se desmarcan. Es el precio de la fama. Los medios hablan de nosotros. Mal, ya véis. Los homeópatas y simpatizantes escriben sin parar en internet a favor del método, aportando todo tipo de pruebas y testimonios. No en todos los casos esas pruebas y testimonios son lo contundentes que desearíamos, pero al menos demuestran la confianza que el público y muchos médicos (homeópatas o no) depositan en la homeopatía. Se percibe una gran decepción, pero de la misma no vamos buscar culpables fuera de la homeopatía: hemos depositado demasiada confianza en manos de personas e instituciones ajenas a nuestra praxis. Hemos pretendido basar nuestro prestigio en que la universidad nos dé unos diplomas o en que los colegios de médicos nos acojan y nos apoyen. Craso error.
¿Es que no tenemos derecho? Sin duda, lo tenemos. Pero, ¿cuándo ha importado eso? Pagamos nuestra colegiación exactamente igual que cualquier médico y exactamente igual que cualquier presidente de colegio. Deberíamos tener la facultad de utilizar las instalaciones como cualquier otro colectivo. Pero he aquí que no es así. Hay determinaciones más poderosas que la justicia. Igualmente, tenemos derecho, porque reunimos los requisitos académicos, a organizar un máster universitario. La universidad la pagamos entre todos. No pertenece al rector ni pertenece a los pseudoescépticos. Nadie nos hizo ningún favor al admitirnos. Pero son las personas quienes toman las decisiones, no la justicia.
Los homeópatas debemos esperar justicia y exigirla, pero al mismo tiempo es preciso contar con la posibilidad de que no la consigamos y en tal situación deberíamos organizarnos por nosotros mismos, crear nuestros recorridos académicos, nuestra carrera profesional, instituciones privadas estrictamente homeopáticas. No mendigar el espaldarazo de los demás, de los que no conocen la homeopatía, porque en lugar de espaldarazos, ya estáis viendo lo que nos dan: garrotazos.
Contemplo con desolación los esfuerzos estériles de tantos compañeros que se afanan en demostrarle a nuestros detractores que la homeopatía es “científica”. Podríamos discutir y alegar pruebas sobre eso durante años y no serviría de nada. Vano afán por consiguiente, compañeros. Todos los que la conocen (médicos y pacientes), saben que la homeopatía es sobradamente útil en el tratamiento curativo de infinidad de enfermedades que el método alopático sólo puede paliar. Como quiera que eso es evidente, el resto de la discusión sobra por completo. Lo evidente no necesita demostración. Además, como se dice ahora abusando del lenguaje jurídico, este no es el momento procesal. Olvidemos a los que pretenden acosarnos. Esa cuestión debe ponerse en manos de abogados competentes. Olvidemos también a presidentes, rectores y demás dignidades académicas y profesionales. No nos aportan nada. Nuestra relación es con los pacientes y son nuestros pacientes los que tienen que entender lo que ocurre. En homeopatía aún se conserva la relación médico-paciente, que en muchas áreas del mundo sanitario se ha perdido. En homeopatía, hoy igual que en tiempo pasados, es el médico quien decide qué tratamiento tomará qué paciente. La terapéutica homeopática la descubrió un médico y la administramos los médicos. Eso es bueno para el paciente porque, incluso el médico más egoísta del mundo, lo que desea es que su paciente se ponga bien. Si no es por amor a los demás o a su profesión, será por su propio interés, por su prestigio, por su satisfacción personal. Dada la peculiar relación entre el médico y el paciente, incluso los aspectos más negativos del primero inciden en el interés del segundo.
En la medicina convencional, son las corporaciones farmacéuticas las que han asumido, no sólo la función de preparar los medicamentos sino también la decisión de qué medicamentos preparar y en qué patologías utilizarlos. Finalmente, también le dicen al médico cuándo y cómo utilizar esos remedios que ellos decidieron producir.
No quiero ni imaginar que una cosa así llegara a consolidarse en homeopatía. Sería el fin de nuestro método. Al menos durante cierto tiempo, porque la verdad siempre se abre paso y, con los años, otros médicos volverían a utilizar la homeopatía de siempre, la ortodoxa, la homeopatía en el sentido fuerte del término, la que cura.
Los tiempos cambian, pero la homeopatía, no. Hemos de seguir tratando a nuestros pacientes con o sin el consentimiento de aquellos que hoy nos despachan de las instituciones. Y hemos de aprender a evitar a toda costa la dependencia ajena, salvo, naturalmente, la de los tribunales de justicia cuando proceda.
Doctor Emilio Morales
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Etiquetas: Ensayo, Opinión

martes, 3 de noviembre de 2015

Jornada OMC sobre la homeopatía


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